martes, 30 de diciembre de 2008

BRINDEMOS PARA QUE ALGUNAS POSIBLES COSAS NO SUCEDAN

Pronóstico difícil-Por Marcelo Zlotogwiazda

Que la soja se mantenga en torno a los 300 dólares por tonelada, siga en picada o recupere algo de lo perdido, marca una diferencia de miles de millones de dólares en la balanza comercial y de miles de millones de pesos en las cuentas fiscales.


Que el real continúe devaluándose, se estabilice, o revierta la tendencia de los últimos tres meses, determina tres escenarios muy diferentes en el resultado del intercambio con el principal socio comercial del país.


¿La ya instalada recesión en Estados Unidos y en Europa será prolongada y profunda, breve y leve, o alguna mezcla intermedia de duración e intensidad?


Hay consenso acerca de que China no va a poder mantener la tasa de crecimiento de dos dígitos de los últimos diez años, pero no hay acuerdo sobre si el ritmo de expansión del gigante asiático perderá dos, tres o más puntos porcentuales.


Por primera vez desde que gobierna el kirchnerismo la Argentina enfrenta un contexto internacional seguramente desfavorable y muy abierto, donde las variables externas determinantes para el país se pueden mover en rangos negativos amplios.


Si pronosticar es de por sí un ejercicio arriesgado, la particular incertidumbre que hay sobre qué pasará en el mundo el año próximo complica aún más la tarea de los economistas que se atreven.


Para peor, el frente interno ya no exhibe la estabilidad inercial sino que está convulsionado y con comportamientos más difíciles de prever. Por ejemplo, ¿logrará o no el gobierno aplacar la desconfianza que motivó la fuerte dolarización que hubo a lo largo del año que termina?


Pese a todo lo anterior y mucho más, los economistas que habitualmente ofician de oráculos no se amilanan y continúan con sus vaticinios. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado que realiza mensualmente el Banco Central en el que participan las principales consultoras (Fiel, Broda, Bein, Ecolatina, Abeceb, etc.), los departamentos de economía de varios bancos (Nación, Provincia, Galicia, Santander, Credicoop, Supervielle, etc.), centros de investigación de universidades (Salvador, San Martín) e institutos como el Mercado de Capitales y el de Ejecutivos de Finanzas, muestra que en promedio se espera que en 2009:

- El Producto Bruto crezca un 2,2 por ciento (7 por ciento este año).

- Un superávit comercial de 7.700 millones de dólares (5.200 millones menos que 2008), con exportaciones bajando 3.500 millones e importaciones subiendo 1.700 millones).

- La desocupación crezca un punto porcentual.

- Un leve aumento en las reservas hasta alcanzar los 48.200 millones de dólares a fin de 2009.

- Dólar a 3,77.

Esos números auguran un año menos promisorio que los últimos seis, pero distan de pintar un horizonte desolador. No obstante corresponde observar que las expectativas se vienen deteriorando aceleradamente y que en las últimas dos semanas aparecieron varios gurúes que pronostican caída en el PBI para el año próximo. Por caso, Finsoport, la consultora que encabeza el ex viceministro Jorge Todesca, afirma en su reporte del lunes 22 que “la economía argentina ha ingresado desde octubre en un período recesivo, con caídas absolutas en diversos rubros” (producción manufacturera y construcción por el lado de la oferta e importación de bienes de capital por el lado de la demanda), y agrega que “el fenómeno tenderá a generalizarse a lo largo del primer trimestre de 2009”.

Claro que también hay que tener en cuenta que el gobierno ha tomado conciencia de la nueva situación y de la necesidad de intervenir muy activamente para atemperar el impacto de la crisis sobre las expectativas, sobre el nivel de demanda, sobre las cuentas externas y sobre la competitividad cambiaria. Desde el 25 de noviembre hubo una batería de anuncios que incluyen el plan de obras públicas, los refuerzos por única vez para jubilados, asalariados que cobran el mínimo y beneficiarios de planes asistenciales, estímulos crediticios al consumo y a la producción, la eliminación de la tablita de Machinea, la moratoria, el blanqueo y medidas puntuales para el sector agropecuario.

La eficacia de la intervención es algo que está por verse, más aún considerando que varias de las medidas pecan de improvisación y hasta podrían ser contraproducentes. Pero es evidente que el gobierno sabe que ya no puede limitarse a administrar una situación de bonanza que estuvo alimentada por un enorme excedente externo que de paso contribuía a sostener el superávit fiscal y a impulsar la monetización de la economía por la vía de la acumulación de reservas.

Esa clara toma de conciencia no es un dato menor.

Cuando un año atrás se miraba hacia adelante, el 2008 se presentaba bastante similar al 2007. Si bien en términos de crecimiento y de otras variables macro no fue demasiado distinto, el quiebre en varios sentidos que provocó el conflicto con el campo y el brutal agravamiento de la situación internacional a partir de setiembre lo transformaron en un año bien diferente de lo previsto. Como botón de muestra basta notar que lo que a fines de 2007 aparecía como el principal problema, la puja distributiva y la inflación, desde hace un par de meses ha quedado rezagado en las preocupaciones. Si la variable a monitorear entonces era la inflación, la que ahora merece mayor atención es la disponibilidad de divisas.

Hace justo un año esta columna trataba las perspectivas para 2008. Comenzaba con el viejo chiste

de que a los economistas los inventaron los meteorólogos para no quedar como los pronosticadores más desacertados, y terminaba diciendo: “Por suerte, en el peor de los casos la Argentina no encaja en otro de los cuentos sobre el tema, que les atribuye a los economistas la capacidad de haber pronosticado nueve de las últimas cinco recesiones. Para 2008 eso está descartado. Si se equivocan será por exceso de optimismo”.

Lamentablemente hoy no se puede asegurar lo mismo. Si bien el horizonte 2009 se dibuja incierto, casi seguramente será peor que el 2008, y con alguna probabilidad importante de atravesar por terrenos recesivos.

No estaría demás brindar para que eso no suceda.

|| Fuente: 29 de diciembre de 2008. (Tiempo PYME)

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